Crónica: Frustración boricua por los Mets

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El boricua Yadier Molina brinca en celebración del último strike cantado a su compatriota Carlos Beltrán. 

Que dolor.  Que frustración.  Nada nuevo para los puertorriqueños cuando se habla de deporte.  Aunque no era el equipo de Puerto Rico en el Clásico Mundial de Béisbol, los Mets de Nueva York desarrollaron una increíble base de fanáticos en la Isla, debido a que contaron con seis puertorriqueños en su equipo, entre ellos, tres de los más queridos por todos, Carlos Delgado, Carlos Beltrán y José “Tony” Valentín. Y la derrota del viernes dejó un dolor amargo, aunque para muchos conocido, en todos los puertorriqueños.

            Aunque empecé a ver el juego en las oficinas de Prensa Asociada, cuando salí de mis horas laborables decidí ir a Buffalo Wings en la avenida Roosevelt, uno de mis sitios predilectos para ver juegos en público.    Fui a buscar a una amiga, quien apenas entiende béisbol, ¡pero un partido así todo el mundo tenía que verlo!  Allí me esperaban un grupo de amistades, entre ellos uno que es fanático de los Cardenales desde que le cambiaban los pañales. 

            ¡Que clase de ambiente!  Lo que faltaba eran los vendedores de maní y platanutres entre el público.  El local estaba lleno a capacidad, yo y muchos más tuvimos que quedarnos parados.  Y claro, todos le iban a los Neuyorican Mets.  Sólo mi amigo le iba a los Cardenales.  El ambiente era tan intimidante para los fanáticos de San Luis, que mi amigo dijo que si los Mets se iban al frente, le iba al equipo neoyorquino.

            Llegué mientras el juego estaba en la sexta entrada, 1-1.  Justamente a tiempo para ver una de las jugadas más espectaculares que he visto en mi vida.  Scott Rolen bateá un profundo elevado al jardín izquierdo, Endy Chávez se pega a la verja, esa bola se va…, brinca….¡la bola se quedó en su guante, y la regresa al “infield” para completar la doble matanza en primera base!  Histeria completa en Buffalo Wings. Todos gritaban y brincaban como si estuvieran en el mismísimo Shea Stadium. 

            Sin embargo, esa fue la única celebración de los fanáticos esa noche.  La magistral actuación del lanzador cardenal Jeff Suplan no brindó mucha emoción a los fanáticos de los metropolitanos.  En la parte baja de la sexta, el boricua Tony Valentín se presentó a la caja de bateo con las bases llenas, y un solo out.  “Tony Tony Tony” gritaba el público en Buffalo Wings.  Uno de mis amigos se me acerca y me dice “se va a ponchar, es puertorriqueño y no puede en los momentos de presión”.  Bueno, así fue.  Tony se ponchó con un swing horrible a un lanzamiento en la tierra.  “¡Te lo dije!”, me decía aireado mi amigo. 

            No pasó mucho hasta la novena.  En la parte alta, Scott Rolen conectó sencillo, y preparó la escena para el boricua olvidado por muchos, Yadier Molina, quién fue opacado en la serie por sus compatriotas vistiendo el uniforme de los Mets.  Muchos caímos en cuenta de lo que iba a suceder cuando Endy Chavez sólo miraba hacia arriba, y no hacía el esfuerzo de robarse otro cuadrangular.  La bola cayó en el bullpen de San Luis.  En Buffalo Wings reinó el silencio.  Al igual que en el Shea, el “shock” reinaba en el público.  “¡Por lo menos fue un boricua!”, dije.  “¡No importa!”, me contestaron.  Yadier corrió las bases, pero pocos fueron los que le aplaudieron en Puerto Rico.

            Pero lo peor estaba por venir.  Abajo 1-3, los Mets tuvieron su última oportunidad de hacer algo al respecto.  Valentín y Chavez empezaron con sencillos la novena.  Todos en Buffalo Wings esperaban el regreso de los Mets.  Volvió el entusiasmo y la gritería.  Poco duró, ya que Cliff Floyd se ponchó, y José Reyes bateó una línea directa al jardinero Jim Edmonds.  Paul LoDuca se convirtió en la última esperanza, y su paciencia en el plato le ganó un boleto gratis, y el escenario ideal para todos los fanáticos puertorriqueños del béisbol en Puerto Rico.  Abajo por dos carreras, dos outs, en la última entrada del séptimo juego de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, el boricua Carlos Beltrán, oriundo de Manatí, se presentaba en la caja de bateo.  La lluvia caía en Shea.  Ese momento me trasladó al pasado marzo, cuando el equipo de Puerto Rico se enfrentaba a Cuba en el último juego de la segunda ronda del Clásico Mundial de Béisbol.  Allí estaba yo, trabajando en el área de fotografía junto al “dugout” de Puerto Rico, con la lluvia cayendo torrencialmente, y Puerto Rico bateando en la parte baja de la octava entrada tratando de empatar el juego.  Todos sabemos como terminó esa historia.

            Pues como aquella noche de marzo, la lluvia caía en el Shea Stadium, y el pase de los Mets a la Serie Mundial estaba en las manos de un boricua que jugó en ese equipo del Clásico.  “¡Es boricua!  ¡Se va a ponchar!  ¡Los boricuas no pueden con la presión!”, volvía y repetía mi pesimista amigo.  Bueno, solo tomaron tres lanzamientos para que Carlos Beltrán se ponchara, enviando a los Mets más temprano que lo deseado a sus hogares.  Buffalo Wings se quedó en un silencio sepulcral, mientras la mayoría de los presentes se dirigían hacia la salida.

            Yo sólo miraba la gigantesca pantalla, atónito, viendo como los Cardenales celebraban en el terreno del Shea Stadium.  ¿Cómo fue posible?  Bueno, como ya expuso Jorge Figueroa, no batearon en momentos oportunos.  Fui yo mismo quién predijo que los Mets iban a ganar en cinco juegos.  Pero tengo que aceptar que no tomé en consideración algo que no se mide por estadísticas: la experiencia y la veteranía.  Los Cardenales estaban tan recientes como en el 2004 en la Serie Mundial.  Jeff Suppan, quien comenzó el viernes, derrotó a Roger Clemens en el séptimo juego de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional del 2004.   Por otro lado, los Mets, apenas tenían experiencia en la postemporada.  Beltrán hizo historia en el 2004, y Glavine es un veterano de la postemporada, pero aparte de eso,  su cuerpo de lanzadores era uno sin experiencia, y sus caballos como José Reyes, David Wright y Carlos Delgado estaban en su primera postemporada. 

            Volviendo al comentario curioso de que los puertorriqueños no pueden en el “clutch”, en verdad me estoy asustando.  Siempre he sido creyente de que nuestras selecciones nacionales tienen un tipo de embrujo de que nunca ganan ese juego importante.  Pero viendo la manera en que Valentín y Beltrán se poncharon, este embrujo está llegando a otros niveles.  Ahora resulta ser que no es necesario que tengan el uniforme de Puerto Rico puesto para que nuestros atletas fallen en los momentos cruciales.  ¿Qué hemos hecho los boricuas para merecernos esto?  Hay que investigar. 

            Por otro lado, Yadier e Iván se encontrarán la Serie Mundial.  Un orgullo de que los dirigentes en el campo de juego, los receptores, sean ambos puertorriqueños.  La sangre nueva de Yadier Molina contra la vieja escuela de Iván Rodríguez.  Los Tigres se ven muy fuertes, pero seguimos descartando a los Cardenales, y siguen haciendo de las suyas.  Apostaría a Detroit, pero ya San Luis me daño un pronóstico.  Estoy con los brazos amarrados.  Bueno, que remedio.  Detroit en siete. 

Foto: endi.com

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